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Caso 3/01/2010

NUESTRO CABALLO TAMBIÉN TIENE QUE IR AL DENTISTA?

Cuidar los dientes del caballo es básico para prevenir determinadas enfermedades, para  que esté cómodo con las bridas, para facilitar su doma, para conseguir un óptimo rendimiento deportivo y para que pueda asimilar todos los nutrientes que le suministramos con la dieta.

En el presente artículo hablaré de las anomalías dentales que aparecen con más frecuencia, algunas de las cuales afectan a todos los caballos.

La figura 1 nos muestra la forma correcta que deben tener los dientes del caballo.

Figura 1


Cuando nos disponemos a limar los dientes de un caballo, antes debemos realizar una inspección visual y táctil de toda la cavidad oral, para así poder determinar cuáles son las anomalías que presenta su dentadura. En el video 1 y en la fotografía 1 se muestra la realización de dicha inspección.


Vídeo 1 (haga click aquí si el vídeo no se ve correctamente)


Fotografía 1


Para masticar, el caballo mueve la mandíbula lateralmente, de tal manera que la fricción de los dientes de la mandíbula (inferiores) y los dientes del maxilar (superiores) sirve para triturar los alimentos de una manera similar a como lo haría una mola. Debido a este movimiento mandibular y a la anatomía de la boca del caballo, con el tiempo, aparecen unas puntas en la parte exterior de los premolares y molares superiores y en la parte interior de los premolares y molares inferiores. Estas puntas, que podemos apreciar en la fotografía 2 y en la figura 2, bloquean el movimiento lateral de la mandíbula y el caballo no puede masticar correctamente.

Igualmente, estas puntas pueden producir lesiones en la mucosa oral que aún dificultarían más el proceso de masticación.

La incapacidad de masticar predispone al caballo a sufrir cólicos debido a que los alimentos no llegan bien triturados al aparato gastrointestinal. Además habrá una parte de estos alimentos que el caballo no podrá asimilar y en los excrementos encontraremos alimentos que no habrán sido ni masticados ni digeridos por el animal, como por ejemplo, granos de avena enteros.

La figura 2 nos muestra la forma que han de tener los dientes para permitir una correcta masticación (lado derecho), y las puntas que aparecen (lado izquierdo) y que bloquean el movimiento de la mandíbula. El dibujo se corresponde con la visión que tenemos de la boca si estamos colocados delante del caballo.


                            Figura 2

Antes, durante y después de limar estas puntas, comprobamos manualmente que haya un correcto movimiento de la mandíbula. Es importante escuchar el ruido que hacen los premolares y molares superiores e inferiores cuando rozan entre sí, a fin de asegurarnos que, aparte de que el movimiento no está bloqueado, los dientes contactan adecuadamente y puedan triturar correctamente los alimentos.

El video 2 y el video 3 muestran como limamos las puntas de los dientes del maxilar y las puntas de los dientes mandibulares, respectivamente.


Vídeo 2 (haga click aquí si el vídeo no se ve correctamente)



Vídeo 3 (haga click aquí si el vídeo no se ve correctamente)



En el video 4 se aprecia el movimiento de la mandíbula y se puede escuchar el ruido que hacen los dientes cuando rozan entre sí, una vez finalizado el proceso de limar las puntas.



Vídeo 4 (haga click aquí si el vídeo no se ve correctamente)


La parte anterior de los premolares también se lima para que el caballo esté más cómodo con la brida. La fotografía 2 así lo muestra.


Fotografía 2


Otra anomalía que tenemos que limar regularmente son los ganchos. Estos, que están ilustrados en la figura 3  y que aparecen en los premolares superiores y en los molares inferiores, pueden llegar a crecer lo suficiente como para lesionar la mucosa. El dolor que causan ya es suficiente motivo para limarlos. Por otro lado los ganchos pueden impedir que podamos reunir a nuestro caballo, ya que cuando aproximamos la cabeza del caballo a su cuerpo, a la vez estamos provocando que los ganchos de los terceros molares inferiores toquen y lesionen la mucosa que está situada detrás de los terceros molares superiores. En estos casos el caballo se defenderá y no aceptará ser reunido. Estos ganchos también limitan el movimiento cráneo-caudal que realiza la mandíbula en relación al maxilar. Este movimiento es muy importante en los caballos de carreras en el momento del galope.


Figura 3


También debemos comprobar que el caballo no tenga algún diente de excesivo tamaño. Este hecho sucede, por ejemplo, cuando se produce la pérdida de una pieza dental lo cual comportará un menor desgaste del diente opuesto. En este caso tendremos que limar este diente para que no interfiera en la masticación. La figura 4 muestra esta anomalía.

                          Figura 4

 

En cuanto a los incisivos, la figura 5 muestra la forma correcta que deben tener, así como diversas anomalías que pueden presentar.


Figura 5


Merecen especial atención la braquignatia y la prognatia, ilustradas  en la figura 6.

Braquignatia


Prognatia

Figura 6


Cuando tratamos a un caballo con braquignatia, limamos los incisivos mandibulares para evitar lesiones en el paladar, y para impedir que estos incisivos queden atrapados debajo de los incisivos maxilares. Puede que sea necesario limar bastante los incisivos superiores e inferiores para que estos caballos tengan un correcto movimiento lateral de la mandíbula, y para que los dientes mandibulares y maxilares contacten adecuadamente.  Estos caballos también son propensos a desarrollar ganchos.

Es recomendable que los potros con braquignatia coman en el suelo, con lo cual estamos promoviendo el movimiento anterior de la mandíbula, y a los seis meses se les pueden poner hierros dentales para intentar corregir este defecto de conformación.

Para los potros que tienen prognatia es recomendable que la comida se sitúe en un punto elevado. Los caballos con prognatia también son propensos a padecer, con el tiempo, otras anomalías que tendremos que corregir periódicamente.

El video 6 muestra como limamos los incisivos para conseguir una correcta oclusión.



Vídeo 6 (haga click aquí si el vídeo no se ve correctamente)


Como conclusión del presente artículo, recomiendo hacer una revisión anual de los dientes de nuestro caballo con el fin de corregir los defectos que aparezcan y poder diagnosticar, lo antes posible, una mala oclusión. Proceder a un mantenimiento periódico evitará que esta mala oclusión se repita. Si la mala oclusión es muy severa, pueden necesitarse varios años para resolverla.