Caso 1/10/2009

RESCATE DE UN CABALLO







Recibí el aviso de que un caballo estaba encallado dentro de una tubería de 1'5 metros de altura i una longitud de 50 metros. El caballo no se podía poner de pie debido a que las dimensiones de la tubería no se lo permitían. El caballo se había arrastrado hasta la mitad de la tubería, al final de la cual había un desnivel considerable y el terreno era muy irregular.

El caballo, de nombre Pelut, estaba muy estresado y nervioso. Hacía grandes esfuerzos para avanzar, pero se lesionaba contínuamente, y en el momento de encontrarlo ya llevaba cuatro horas dentro de la tubería.

Hice una primera valoración de la situación acercándome al caballo, con mucho cuidado, ya que el lugar era pequeño, sin luz, y el caballo movía  sus extremidades de una forma totalmente imprevisible. El animal estaba agotado, tenía heridas en la cabeza y en las extremidades, e intentaba ponerse de pie realizando mucha fuerza con las extremidades, cosa que podía provocarle en cualquier momento una fractura.

El primer paso fue sedarlo para evitar que se hiciera mas daño. Seguidamente, por medio de cuerdas y previa colocación de ropa a modo de colchón en el suelo, lo acercamos hasta la punta de la tubería. Esta operación no costó demasiado ya que sobraron voluntarios para ayudarnos, y la tubería tenía cierto desnivel.

El siguiente problema consistía en sacar al caballo de la tubería sin que resultara lastimado. De la tubería al suelo había un desnivel considerable y el terreno en aquella zona era muy irregular.

La solución que adopté fue anestesiarlo y sacarlo con la ayuda de una grúa. Era imprescindible realizar una anestesia general debido a que si lo hacíamos únicamente con sedación, el animal al verse colgado podría haber reaccionado de cualquier manera, con el consiguiente riesgo para la salud del caballo.

La dosis utilizada en la anestesia fue la mínima imprescindible, debido a que el caballo estaba muy agotado, y a que no se necesitaba excesivo tiempo para levantar al caballo y depositarlo en un campo que había a una distancia de unos 15 metros.




















Todo salió bien, y con un par de minutos el caballo ya estaba en una zona segura. Solo quedaba asegurar que no se lastimara en el momento de levantarse, ya que los caballos, cuando se recuperan de una anestesia general, intentan levantarse antes de tiempo, cuando aún tienen cierto grado de incoordinación, creándose una situación de riesgo ya que generalmente vuelven a caerse con la posibilidad de producirse lesiones muy graves. Para evitarlo, impedí que el caballo se levantara antes de tiempo controlando su cuello con mi rodilla y sujetando la cabeza. Pasados 35 minutos el caballo se puso en pie sin complicaciones.





Las heridas se limpiaron y desinfectaron. Las extremidades con heridas fueron vendadas y se instauró un tratamiento a base de antibióticos, antiinflamatorios y analgésicos.

Todas las heridas han curado perfectamente y en la actualidad lo único que le queda al caballo de aquella experiencia es el recuerdo.